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Formación Permanente

La formación, como proceso permanente que compromete toda nuestra vida, presenta después de la Profesión Perpetua nuevas características, para responder al sucesivo desarrollo de la personalidad y su adaptación a los cambios históricos y a las exigencias que trae la inserción en los diversos medios culturales.
Este proceso formativo supone constante actitud de renovación; capacidad de aprender de la experiencia vivida; de aceptar mentalidades diferentes y de asumir nuevos valores que nos permitan encarnar los compromisos religiosos; de revitalizar nuestra vocación y mantener siempre claro y coherente el testimonio de nuestro carisma y la inserción en la pastoral eclesial.
La vida consagrada, en su continuo crecimiento, es de por si una prueba elocuente de constante presencia del Señor, la cual da un renovado impulso a los consagrados a vivir con gozo y entusiasmo el amor primero, enraizados plenamente en el Señor Jesús, centro de la vida de cada cristiano y única exclusividad de cada religiosa.
La Formación Inicial, prepara para la consagración, pero es en la Formación Permanente donde se fortalecen las actitudes profundas que manifiestan la plena pertenencia a Dios. Se trata de un itinerario de progresiva asimilación de los sentimientos de Cristo hacia el Padre, en la vivencia del Carisma salesiano Victimal. En la medida en que cada Hermana, dócil al Espíritu Santo está atenta a discernir y a valorar cada ocasión de maduración vocacional, se cosecharán frutos de crecimiento renovado.