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En solidaridad con enfermos de lepra.

“Vengo ante Ti Señor como el leproso, necesito de tu gracia”

"Esa enfermedad, aunque está en regresión, desgraciadamente golpea todavía a muchas personas en condiciones de grave miseria", dijo el Papa Francisco. Por ello, afirmó que "es importante mantener viva la solidaridad con estos hermanos y hermanas".

El Papa nos invita a mantener la cercanía de oración a las personas que padecen esta enfermedad, a quienes los asisten y a los profesionales de la salud que se empeñan por eliminar esta enfermedad.

 

INTRODUCCION 

El último domingo de enero se celebra el Día Mundial de la Lucha contra la Lepra; en respuesta a la propuesta hecha en 1954 por el periodista y filántropo Raoul Foullereau en París, tras una visita que hizo a Costa de Marfil a un hospital exclusivo para personas con lepra y vio la situación de muchas personas que padecían esta enfermedad. En aquella primera ocasión, el objetivo primordial era el de desterrar la imagen ciertamente negativa que la sociedad albergaba sobre los pacientes con lepra.

Según el último Anuario Estadístico, la Iglesia administra 567 leprosorios en el mundo, 20 más que el año anterior. De estos, 211 se encuentran en África, 65 en América, 281 en Asia, 6 en Europa y 4 en Oceanía.

Durante su vida pública, Jesús llevó a cabo la sanación de personas que sufrían de lepra. Este ejemplo fue seguido por la Iglesia, que desde sus comienzos se ha dedicado a atender a estos enfermos, muchas veces marginados y olvidados por sus familiares. Un ejemplo es el Beato Luis Variara, Sacerdote Salesiano, “Misionero entre los leprosos”, que dedicó su vida atendiendo física y espiritualmente a estas personas.

 

 

ORACION INICICIAL

 

Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Tú que en todos estás presente y lo llenas todo con el consuelo de tu Espíritu Santo, ven a fortalecernos en nuestras angustias y preocupaciones.

Tú, que por tu Hijo Jesucristo saliste al encuentro de los enfermos, tocaste las llagas de los leprosos, consolaste a los afligidos, defendiste a los pobres y resucitaste a los muertos: ven a dar sentido a nuestros males, ven a sanar nuestros corazones, ven a darnos vida abundante y alivio a nuestros sufrimientos.

Que animados por la Fe, llenos de amor y de esperanza, completemos en nuestros cuerpos lo que falta a la pasión de Cristo, por el bien de la Iglesia y de toda la humanidad. Amén.

 

CREO EN TI

 

Cuando llega la dificultad y las pruebas, en los momentos de angustia, de duda o enfermedad, es bueno decir al Señor que seguimos creyendo en El.

1. Señor, Tú siempre me has dado

La fuerza necesaria, y, aunque débil,

Creo en Ti.

2. Señor, Tu siempre me has dado la paz de cada día, y, aunque angustiado,

Creo en Ti.

3. Señor, Tu siempre me has guardado en la prueba, y aunque estoy en ella,

Creo en Ti.

4. Señor, Tu siempre has alumbrado mis tinieblas, y aunque no tengo luz,

Creo en Ti.


MEDITACION DEL EVANGELIO DE SAN MARCOS

1, 40-45. El leproso sabía que Cristo lo amaba y por eso le pide su curación.

Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio». Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

 

Señor, si quieres, puedes limpiarme…” Jesús, sintiendo lástima; extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero: queda limpio”. La compasión de Jesús. Ese padecer con que lo acercaba a cada persona que sufre. Jesús, se da completamente, se involucra en el dolor y la necesidad de la gente… simplemente, porque Él sabe y quiere padecer con, porque tiene un corazón que no se avergüenza de tener compasión. (Meditación del Papa Francisco)

El leproso del evangelio de hoy nos presenta una realidad muy cercana a nosotros: la pobreza de nuestra condición humana. Nosotros la experimentamos y nos la topamos a diario: las asperezas de nuestro carácter que dificultan nuestras relaciones con los demás; la dificultad y la inconstancia en la oración; la debilidad de nuestra voluntad, que aun teniendo buenos propósitos se ve abatida por el egoísmo, la soberbia ... Triste condición si estuviéramos destinados a vivir bajo el yugo de nuestra miseria humana. Sin embargo, el caso del leproso nos muestra otra realidad que sobrepasa la frontera de nuestras limitaciones humanas: Cristo.

El leproso es consciente de su limitación y sufre por ella, como nosotros con las nuestras, pero al aparecer Cristo se soluciona todo. Cristo conoce su situación y no se siente ajeno a ella, más aún se enternece, como lo hace la mejor de las madres. Quizá nosotros mismos lo hemos visto de cerca. Cuando una madre tiene a su hijo enfermo es cuando más cuidados le brinda, pasa más tiempo con él, le ofrece más cariño, se desvela por él, etc. Así ocurre con Cristo. Y este evangelio nos lo demuestra; el leproso no es despreciado ni se va defraudado, sino que recibe de Cristo lo que necesita y se va feliz, compartiendo a los demás lo que el amor de Dios tiene preparado para sus hijos. Pongamos con sinceridad nuestra vida en manos de Dios con sus méritos y flaquezas para arrancar de su bondad las gracias que necesitamos.

 

ORACIÓN UNIVERSAL DE LOS FIELES.

 

Animados por el Espíritu que nos congrega en la unidad para celebrar el día del enfermo de lepra, ponemos a María Auxiliadora como intercesora al presentar al Señor nuestras súplicas.

A cada intención respondemos: Señor, que estemos cerca de los que están lejos.

Por la Iglesia Universal, sacramento de unidad, para que, bajo la guía del santo Padre, a ejemplo de Cristo, sea mensajera de esperanza y, signo creíble de la salvación que Dios hace hoy a todos los hombres. Oremos.

Para que surjan dentro de la Iglesia, la sociedad y las familias cristianas nuevas vocaciones al servicio del mundo de la salud y de la enfermedad. Oremos.

Para que nuestra Iglesia sea siempre un espacio donde se fomente la unidad y concordia, y donde todos los marginados y excluidos encuentren acogida y reconocimiento de su dignidad. Oremos.

Por quienes viven entregados al servicio de los enfermos de lepra: sacerdotes, religiosas, particularmente nuestras Hermanas HH.SS.CC., en diferentes lugares del mundo, voluntarios y profesionales..., para que, continúen siendo instrumentos de la misericordia de Dios ofreciendo una asistencia integral a los destinatarios. Oremos.

Por todos los que sufren: por los que en estos momentos viven postrados en la cama de un hospital, de una residencia o en su casa, para que sientan cercano al Señor de la Vida, y nosotros, con nuestra cercanía y entrega, les ayudemos a encontrar sentido a su enfermedad. Oremos.

Por la paz en el mundo, para que el mundo sea la casa común de la humanidad, donde todos encontremos los medios necesarios para vivir. Oremos.

Otras peticiones… Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

 

ORACIÓN DEL ENFERMO A MARÍA

 

Madre querida, Virgen María: asísteme y bendíceme en mi enfermedad y haz que en medio de nuestros dolores y angustias, me sienta reconfortado por ti y unido a tu hijo Jesucristo en su Cruz.

Virgen Santísima, tú que conoces el sufrimiento, reanima mi fe, cúbreme con tu manto protector, pues eres mi fortaleza y esperanza de alcanzar el alivio en los padecimientos.

Señora mía, socórreme en la hora del dolor, protégeme de la desesperación, infúndeme esperanza. Enséñame a cumplir la misteriosa voluntad de Dios y a alabar y bendecir su nombre.

Nuestra Señora de la Salud, ruega por nosotros. Amén.